Venezuela enfrenta una larga reconstrucción tras los terremotos: “Esto no es un sprint, es una maratón”

World Vision advierte que la emergencia continúa más de dos meses después de los terremotos que golpearon la costa central de Venezuela. La organización destaca el papel de las iglesias locales y reclama recursos para atender a familias, niños y comunidades que aún carecen de servicios básicos.
Hace 23 horas Actualidad

Más de dos meses y medio después de que dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 afectaran la zona de la costa central de Venezuela, la reconstrucción continúa mientras miles de personas permanecen desplazadas y las necesidades básicas todavía no fueron cubiertas.

Las cifras oficiales citadas en el informe hablan de más de 6.500 muertos, además de miles de desplazados y desaparecidos. En este contexto, organizaciones cristianas como World Vision mantienen su trabajo sobre el terreno, con especial atención a la infancia.

Protestante Digital entrevistó a Mishelle Mitchell, directora Regional de Incidencia, Participación Externa y Comunicaciones de World Vision en América Latina y el Caribe, y a Joao Diniz, director regional de la organización, sobre la situación y las tareas de asistencia y reconstrucción.

Mitchell explicó que World Vision trabaja en Venezuela desde 2019, inicialmente en respuesta a la crisis migratoria, y que cuenta con una red denominada “Esperanzas en fronteras”, integrada por más de 2.000 líderes cristianos de diferentes iglesias.

Cuando se produjeron los terremotos, las propias iglesias, pese a haber sido afectadas, estuvieron entre las primeras en responder. La organización comenzó realizando evaluaciones para determinar las necesidades y prioridades y, pocas horas después del desastre, envió 30 motocicletas con 30 médicos para brindar atención primaria en zonas donde el acceso era limitado.

“Esto no es una carrera de velocidad, es una maratón, lo que tardó décadas en construirse ahora va a tardar décadas en volverse a levantar”, señaló Mitchell.

La situación de las comunidades más afectadas sigue siendo crítica. Muchas personas viven en carpas y dependen de cocinas comunitarias y kits de higiene, mientras continúa la falta de agua potable. La organización también advierte sobre el aumento del riesgo de explotación y trata de niños y niñas.

Entre las prioridades aparece además la recuperación de los medios de vida de las familias, con el objetivo de que puedan desarrollar actividades económicas que les permitan recuperar cierta independencia.

La infancia representa uno de los principales desafíos. Mitchell explicó que muchos niños ya habían quedado separados de sus padres debido a la emigración y que, tras los terremotos, algunos perdieron también a familiares, hermanos mayores, tíos o vecinos que estaban a su cargo.

El agua y el saneamiento son otra preocupación central, tanto para garantizar agua para beber y cocinar como para reducir el riesgo de enfermedades.

La situación económica también representa un desafío para las comunidades afectadas. Según la entrevista, el 80% de la zona vive del turismo y más del 80% de los restaurantes, hoteles y casinos desaparecieron. A esto se suma la incertidumbre sobre el inicio del año escolar previsto para el 19 de septiembre, debido a la destrucción de escuelas y la posible ausencia de maestros.

Diniz destacó el papel de las iglesias locales como espacios de esperanza, servicio y asistencia. Como ejemplo mencionó a los pastores Alexis y María Paz, de una iglesia de La Guaira, quienes pese a perder a un hijo, un nieto y al 40% de su feligresía, abrieron la iglesia para recibir a personas que habían perdido prácticamente todo.

También mencionó a la iglesia Vino Nuevo, que resultó afectada por el terremoto pero estuvo entre las primeras en responder.

El trabajo con las iglesias locales también permitió a World Vision colaborar con Naciones Unidas. El Programa Mundial de Alimentos necesitaba realizar un diagnóstico sobre la situación de seguridad alimentaria en Venezuela y recurrió a la organización para acceder a zonas donde era difícil llegar. A través de las iglesias locales se pudo realizar ese diagnóstico.

World Vision sostiene que, además de apoyarse en las iglesias, es necesario equiparlas para que puedan responder con mayor eficacia ante emergencias. También desarrolla acciones destinadas a cuidar a quienes cumplen tareas de asistencia dentro de las propias comunidades religiosas.

La salud mental es otro de los grandes desafíos. Para atender especialmente a los niños, World Vision implementó “espacios amigables para la infancia”, lugares itinerantes de contención psicoemocional donde los menores pueden sentirse seguros y procesar parte del trauma mediante juegos y otras dinámicas.

En Venezuela funcionan cuatro de estos espacios, que cambian de ubicación para llegar a distintas poblaciones. Según World Vision, más de 27.000 niños y niñas participaron de estas actividades durante los primeros dos meses y medio posteriores a los terremotos.

La organización desarrolla este trabajo bajo el enfoque denominado “Ternura”, con el que lleva 13 años trabajando en América Latina y que busca brindar herramientas para sanar heridas y crear entornos seguros.

También se establecen mecanismos de protección para evitar riesgos como el consumo de sustancias, el abuso, el trabajo infantil, la explotación y la mendicidad. La organización mantiene registros de los niños que ingresan y salen de los espacios y de las personas que tienen su custodia, mientras que los casos que representan un riesgo grave son derivados a las autoridades.

Respecto de la ayuda que pueden brindar los cristianos, Mitchell pidió especialmente oración por Venezuela y Colombia. También señaló la necesidad de recursos económicos y explicó que las donaciones en efectivo permiten realizar compras y aprovisionamiento local, en un contexto donde el traslado y la nacionalización de mercancías continúa siendo complejo.

World Vision informó que durante los primeros dos meses de trabajo alcanzó a casi 92.000 personas, entre ellas unos 27.000 niños, y anticipó que espera ampliar su alcance mientras continúa la reconstrucción y el acompañamiento de las comunidades afectadas.