
Más iglesias, menos reincidencia: el efecto de las comunidades evangélicas en jóvenes que salen de prisión en Chile

La apertura de iglesias evangélicas en barrios chilenos redujo un 18,2 % la probabilidad de volver a prisión entre jóvenes condenados por delitos contra la propiedad. Así lo concluye una investigación de Andrés Barrios-Fernández, académico de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de los Andes y director de su Human Development Lab, y de Jorge García-Hombrados, de la Universidad Autónoma de Madrid.
Los autores analizaron los registros penitenciarios de Chile entre 2006 y 2015 y la apertura de 1.659 iglesias evangélicas durante ese periodo. El estudio se dio a conocer a días del 31 de octubre, Día Nacional de las Iglesias Evangélicas y Protestantes en Chile.
Los investigadores observaron una disminución de los ingresos a prisión entre quienes vivían cerca de las nuevas iglesias, sobre todo por delitos contra la propiedad y delitos violentos. Además, los menores de 30 años que, al salir de la cárcel, volvían a vivir a menos de 100 metros de una nueva iglesia evangélica tenían 11,1 puntos porcentuales menos de probabilidad de ser reencarcelados durante el primer año que quienes vivían a entre 250 y 350 metros. El efecto empezaba a notarse en los tres primeros meses tras la excarcelación.
Uno de los datos más llamativos es que la conversión religiosa no parece explicar por sí sola la reducción: el efecto fue mayor entre quienes ya se identificaban como evangélicos antes de entrar en prisión.
Para indagar en las causas, los autores encuestaron a 66 pastores evangélicos de Santiago. El 88 % afirmó que sus iglesias ofrecen ayuda material el 85 %, apoyo familiar el 62 %, programas de rehabilitación de alcohol y drogas el 47 %, apoyo para encontrar empleo, y cerca del 40 %, programas para personas vinculadas a actividades delictivas. La reducción de la reincidencia fue mayor en las iglesias con más presencia de programas de rehabilitación de adicciones, lo que apunta al apoyo social como uno de los principales mecanismos. También fue más pronunciada en barrios con menor acceso a servicios públicos, alejados de oficinas municipales, centros educativos y centros de salud.
Para comprobar si el fenómeno era exclusivo de las iglesias, los investigadores estudiaron además la apertura de organizaciones comunitarias no religiosas. Las dedicadas a mejorar el empleo y los ingresos se asociaron a una reducción de unos 11 puntos porcentuales en la probabilidad de volver a prisión durante el primer año. Las centradas en la rehabilitación de adicciones registraron una disminución cercana a los 10 puntos, aunque sin significación estadística.
El trabajo, titulado Recidivism and Neighborhood Institutions: Evidence from the Rise of the Evangelical Church in Chile, concluye que las redes de apoyo del barrio cumplen un papel importante en la reinserción y que facilitar ayuda material, rehabilitación de adicciones y oportunidades laborales podría reducir la reincidencia, con independencia del carácter religioso de quien preste esos servicios.
Los resultados chilenos coinciden con investigaciones previas en Estados Unidos. La más sólida es la evaluación del Departamento de Correcciones de Minnesota sobre InnerChange Freedom Initiative, un programa de reinserción de base cristiana impulsado por Prison Fellowship, la organización fundada por Chuck Colson. El estudio, firmado por Grant Duwe y Michelle King y publicado en 2012, comparó a 732 reclusos liberados entre 2003 y 2009, la mitad de ellos participantes del programa, con no participantes de características similares. Los participantes redujeron un 26 % las nuevas detenciones, un 35 % las nuevas condenas y un 40 % el reingreso a prisión por un nuevo delito.
El programa combina cultos, estudio bíblico y oración con educación sobre adicciones, desarrollo de habilidades cognitivas, mentoría y acompañamiento tras la salida de prisión. Los autores atribuyen buena parte del efecto a la continuidad del apoyo de los mentores, dentro de la cárcel y después en la comunidad, y concluyen que los programas de base religiosa pueden reducir la reincidencia si aplican prácticas de eficacia comprobada. Un análisis posterior de Duwe y Byron Johnson, de la Universidad Baylor, estimó que el programa generó un beneficio de casi 8.300 dólares por participante.
En la versión texana del mismo programa, evaluada por Johnson, quienes lo completaron tuvieron una tasa de nuevas detenciones del 17,3 %, frente al 35 % del grupo de comparación.
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