Alonzo Lunsford sobrevivió al ataque de Fort Hood y encontró en la fe el camino hacia el perdón

El sargento mayor retirado del Ejército estadounidense recibió siete disparos durante el ataque perpetrado en Fort Hood el 5 de noviembre de 2009, en el que murieron 13 personas y más de 30 resultaron heridas. Años después, relató cómo su fe cristiana y el apoyo de su familia lo ayudaron a enfrentar el odio y avanzar en su recuperación.
Hace 22 horas Actualidad

Alonzo Lunsford, sargento mayor retirado del Ejército de Estados Unidos, recordó cómo sobrevivió al ataque perpetrado en Fort Hood el 5 de noviembre de 2009 y explicó de qué manera su fe cristiana y el acompañamiento de su familia lo ayudaron a atravesar el dolor y encontrar el perdón.

Lunsford recibió siete disparos durante el ataque cometido por Nidal Hasan, un exmayor del Ejército estadounidense que se desempeñaba como psiquiatra. El hecho dejó 13 personas muertas y más de 30 heridas.

Al recordar lo ocurrido, el militar retirado manifestó que todavía le resulta difícil comprender cómo logró sobrevivir, especialmente por las zonas del cuerpo alcanzadas por los disparos y la posibilidad de que algunos proyectiles afectaran órganos vitales.

“Y el simple hecho de estar aquí sentado hablando con ustedes ahora mismo es un milagro en sí mismo que me hace saber que aún no era hora de irme a casa”, expresó.

El recuerdo del ataque continúa siendo doloroso. Lunsford señaló que todavía conserva la memoria del olor que percibió aquel día, una experiencia que describió como algo que nunca termina de abandonarlo.

Aunque no tenía una relación cercana con Hasan, lo conocía y había trabajado con él aproximadamente dos semanas antes del ataque. Después de la tragedia, debió afrontar una intensa lucha emocional y espiritual contra el odio que sentía hacia el responsable.

El sobreviviente reconoció que hubo momentos en los que llegó a experimentar una profunda ira y a imaginar cómo habría reaccionado contra el hombre que le había causado tanto sufrimiento.

Sin embargo, con el tiempo encontró en su familia y en su fe cristiana un camino para avanzar hacia el perdón. Según explicó, llegó a comprender que no podría sanar ni continuar con su recuperación si permanecía dominado por el odio.

“Yo mismo no podría sanar ni avanzar en mi recuperación si no perdonara a ese hombre”, afirmó, al reconocer que el proceso no fue sencillo.

Con el paso del tiempo, Lunsford logró llegar a un punto en el que la ira dejó de controlar su vida. No obstante, las consecuencias del ataque continúan presentes en su historia familiar y personal. El militar retirado señaló que las celebraciones navideñas nunca volverán a ser iguales y reconoció que todavía se pregunta si podría haber protegido mejor a otras personas durante aquella jornada.

Además de compartir su experiencia sobre el perdón, Lunsford se refirió a la ejecución de Hasan, cuya sentencia de muerte está prevista para cumplirse mediante fusilamiento en diciembre. Según la información difundida en el momento de la entrevista, el Pentágono había señalado que el procedimiento del 3 de diciembre sería transmitido en directo, aunque posteriormente surgieron informes contradictorios dentro de la administración sobre esa posibilidad.

Lunsford manifestó estar de acuerdo con la ejecución, pero rechazó que se transmita en directo como si se tratara de un espectáculo.

A su entender, la presencia debería limitarse a un grupo selecto de personas, entre ellas los familiares de las víctimas fallecidas, los familiares de los sobrevivientes y quienes sobrevivieron al ataque.

El exmilitar reconoció que muchos estadounidenses siguen indignados por lo ocurrido y que algunas personas desean presenciar la ejecución. Sin embargo, advirtió que convertirla en un acontecimiento de entretenimiento sería una forma equivocada de abordar una tragedia que dejó profundas consecuencias emocionales y psicológicas.

Lunsford consideró que una transmisión en directo podría enviar un mensaje equivocado y dar la impresión de que se glorifica la guerra.

“No hay nada bonito en la guerra. No hay nada bonito ni glamuroso en que alguien muera o se quite la vida”, expresó.

También sostuvo que la ejecución no debería presentarse como un espectáculo destinado al consumo público, sino como la consecuencia de un acto criminal que provocó sufrimiento y pérdidas irreparables.

El sobreviviente afirmó que el ataque no destruyó su fe cristiana, aunque lo obligó a preguntarse por qué una persona podía causar tanto dolor a los demás.

Su testimonio pone el foco en las consecuencias que una tragedia de esta magnitud deja mucho después de ocurrido el hecho y en el difícil proceso de reconstrucción personal que deben atravesar quienes la sobreviven. Para Lunsford, el perdón no significó minimizar lo sucedido, sino encontrar una manera de continuar viviendo sin quedar sometido al odio.

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